Sálvese quien pueda

El regreso a clases se quiere tornar como algo cuasi perverso, el gobierno quiere a los niños en las aulas, porque ya pasó mucho tiempo y la enseñanza no se está llevando a buen puerto, el mensaje es contundente; la educación por medio de las nuevas tecnologías no ha sido óptimo. Sin embargo, la pandemia no cede, se torna más agresiva, las voces hoy son muchas, la información fluye como el río, los unos que están de acuerdo y los que no, como es normal en un país plural, no obstante lo que debe de prevalecer es la razón, y si no hay condiciones para regresar a clases pues que no se regrese.

Escuelas en el completo olvido, es un reflejo del rezago que se vive en materia educativa en el país, aulas olvidadas, vejadas por la delincuencia imperante, jóvenes sin entender las clases virtuales, falta de compromiso de los padres y de los docentes en querer apoyar la bandera de una educación a distancia en aras del bienestar común.

Son algunas causas de la búsqueda del retorno a las aulas. En el peor de los casos sería un “sálvese quién pueda”, así, alumno que sobreviva la pandemia en las aulas se le tendrá que dar su nota aprobatoria, suena cruel, pero, así sería si se da el regreso a clases en un escenario en el que los pequeños aún no están vacunados, y en dónde las condiciones de las escuelas no son propicias para un retorno seguro.

El único paraíso perdido es el de la infancia dónde se es completamente inocente, es responsabilidad alzar la voz por ellos, en un país donde según leer por placer es considerado un acto capitalista, según palabras de Max Arriaga, director de Materiales Educativos de la Secretaria de Educación Pública (SEP). El amor a la lectura es lo que debe de fomentarse, la lectura recreativa hace ciudadanos críticos que perciben la realidad con otros ojos. Que los pequeños lean, que encuentren en los libros el refugio a este mundo que no los escucha.

El gobierno en México prefiere enfrentar los unos a los otros, intenta hacer su propia versión de la historia para dividir al pueblo, un país dónde diputados incitan a invadir España y poner de monarca a López Obrador, un México en el que Kafka sería un escritor costumbrista porque el absurdo es algo normal. Empero, tenemos que seguir tratando de llevar la educación, esa educación que promete el artículo tercero constitucional, sin menoscabo del derecho a la salud previsto en el numeral cuarto del mismo ordenamiento, salvemos a los niños que como se ha dicho desde siempre, son el futuro del mañana, no juguemos con el futuro. 

¡La cultura es alimento del espíritu, así como el pan alimenta al cuerpo!

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