“Las dos caras de la pandemia”

 “Las dos caras de la pandemia”

Pareciera que así como en los últimos tiempos vivimos a base de dos adjetivos: bueno y malo. De la misma manera la pandemia ha reducido el golpe de sus efectos en dos visiones diametralmente opuestas, por un lado un optimismo ilimitado como el del Presidente y por el otro, una desolación que repliega y atemoriza.

Pareciera que como sociedad hemos perdido toda capacidad de empatía, la oportunidad que nos dio la pandemia de reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestras familias, de valorar las cosas simples y dejar a un lado las innecesarias, incluso una necesidad de Dios. Todo eso ha quedado de lado. No veo sinceramente ni en políticos, ni en comentarios de gente que respeto y admiro, un punto de cambio, de encuentro o de esperanza.

Lo que abunda es una dramatización de la realidad, con posturas igual de peligrosas.

Por un lado tenemos a quienes, como el Presidente, viven tratando de ser optimistas al 100% y alguien me dirá con razón, que el optimismo no es malo, y es cierto, pero cuando el optimismo obstaculiza el ver la realidad si lo es. Cuando no somos capaces de entender el impacto de nuestras acciones creyendo que todo lo que hagamos saldrá bien no por el proceso, sino por el simple hecho de que lo hice yo, el resultado es difícil que sea bueno. Así podemos encontrar a una parte importante de la sociedad que, con el virus, vive como si éste no existiera, los podemos ver paseando en las calles sin mayor cuidado, golpeando a quienes les exigen cubrebocas y con actitudes sobradas de optimismo, afectando así a quienes no piensan de la misma forma.

Por el otro, tenemos a la parte desolada, la que ya se ve endeudada, sin empleo, paralizada por las noticias y el aumento de casos, extremando toda acción de cuidado y cuidando cada peso que gasta porque a su juicio este país ya se hundió en lo económico y en la salud.

Ambas posturas tienen dosis de realidad, ambas encuentran fundamento en hechos que son ciertos. No obstante el extremo de ambas daña más que la realidad. Como sociedad sufrimos a un líder que gusta de polarizar, y eso daña y en gran medida, al trabajo social, a la solución de problemas, a la visión clara y fría de los hechos.

Hoy retomo una frase contundente del Arzobispo de Madrid: “Debemos construir nuestra sociedad en dos sustantivos, hijos y hermanos”. Coincido plenamente con el Cardenal Osoro. Necesitamos con urgencia encontrar puntos de encuentro y reconocer que por ser hijos del mismo creador, somos hermanos. No importa la religión que profesemos o no profesemos, quien nos creó nos hizo iguales y nos hizo, por tanto, hermanos.

¿Será posible que podamos sentarnos a intentar entender y comprender al otro? ¿Será acaso posible que quienes hacen caravanas y piden la renuncia del Presidente, tengan claro por qué 30 millones de personas votaron por él? ¿Acaso esas condiciones que los hicieron votar ya cambiaron o es que tienen ya una propuesta mejor que la que él vendió?

¿Será que los seguidores del Presidente quieran darse cuenta de que producir empleos y generar riqueza no es cosa del demonio? ¿Que tratar de que el gobierno participe con el sector privado no es traicionar a México? ¿Que criticar la corrupción del Gobierno actual no es extrañar la corrupción del pasado?

¿Podremos juntos entender que en un país donde 60 millones viven al día, pedirle a la gente que no salga de casa no es algo viable porque morirían de hambre? ¿Que si solo tengo 10 pesos para ir a mi trabajo no los voy a invertir en un cubrebocas ni en gel antibacterial?

¿Podremos entender que hoy miles viven en la soledad de la pandemia y otros miles sufren de la violencia con quienes viven y desean salir antes que morir así?

¿Podemos entender que una economía se sustenta más en lo que la gente hace que en lo que un gobierno deja de hacer?

Necesitamos con urgencia vivir en fraternidad, dejando a un lado quién es bueno y quién es malo, de lo contrario, el daño lo haremos nosotros como sociedad, no el gobierno. Para pelear se requieren dos. Para construir todos podemos poner un ladrillo.

¡Que Viva México!

Ferdinard Recio López

Licenciado en Derecho, especializado en Derecho Electoral, en Derecho Fiscal y Administrativo, con estudios en materia de administración de Empresas, Consultoría Política, Campañas Políticas y Alta Dirección de Organismos Empresariales, en instituciones académicas como Harvard University y George Washington University, entre otras. Fue Director General de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), donde actuó como representante del sector empresarial mexicano ante el Business and Industry Advisory Commitee de la OCDE, ante la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo. Fue Director de la Revista Pulso Legislativo y cuenta con amplia experiencia en procesos y campañas electorales. Ha sido Delegado de México ante la Comisión de Población y Desarrollo de Naciones Unidas en 4 ocasiones. Ha asesorado Gobernadores, Alcaldes, Legisladores Federal y Locales, tanto en sus procesos de elección, como en sus gestiones de gobierno y representación popular. Desde hace más de 10 años, se dedica al cabildeo y a brindar asesoría política en México a integrantes de todos los partidos políticos. Además de participar en distintas organizaciones de la sociedad civil, destacando el MOVIMIENTO VIVA MÉXICO.

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