La guerra: el ocaso de la razón

“Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrá muerto, y el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar; y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo; un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo; las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sáhara; la vasta Amazonia desaparecerá de la faz del planeta destruida por el granizo, y la era del rock y de los corazones trasplantados estará de regreso a su infancia glacial; los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos; la creación habrá terminado; en el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas”.

Así iniciaba el ilustre escritor García Márquez,  su discurso el 6 de agosto de 1986, en Ixtapa, México, en el aniversario 41 de la bomba de Hiroshima. Un clamor a los países para lograr el desarme nuclear, un grito desesperado para intentar hacer conciencia sobre la barbarie de la guerra, y una súplica para que se buscara aplicar los recursos destinados a la producción de armas de destrucción masiva, para una mejor encomienda, como el fomento a la educación y el apoyo a los más necesitados.

La guerra iniciada por Rusia en contra de Ucrania nos ha dejado varias reflexiones en el tenor de la crueldad humana, ha visibilizado la deshumanización reinante en la sociedad, las causas del conflicto son similares en todos los tiempos históricos; conflictos territoriales e intereses económicos y políticos. Decía Hitler, “la guerra como negocio debe ser rápida y devastadora, para que sea rentable.” La idea de la guerra es una simple banalidad fútil de demostrar la hegemonía de unos sobre otros, es querer tener la razón a raíz de la fuerza y la brutalidad mezquina. Es un verdadero oprobio para la razón.

Tinieblas todo cae en tinieblas, dijera Eliot, es lo que pasa con los conflictos bélicos, todo queda en tinieblas, la sociedad, la razón, ,la dignidad humana, nuestra imperiosa necesidad de paz, que se ve vejada por los sin sentidos de los dirigentes que pasan por encima de sus gobernados para llevar a cabo sus viles fines. La dignidad humana que debería ser la piedra angular de los derechos humanos se ve pisoteada diariamente por conflictos que tal vez podrían solucionarse si se enarbolara la prudencia y la cordura.

Los regímenes totalitarios, son un ejemplo de la supremacía del estado sobre el individuo, el estado es todo y fuera de él no hay existencia. Las libertades son coartadas, por el poder hegemónico del “Yo, Supremo”, regímenes que buscan controlar en todo las vidas de sus ciudadanos desde el nacimiento hasta el ocaso de sus vidas, George Orwell nos brinda una lección en su obra “1984”, “El gran hermano” que todo lo ve, presencia omnipresente, me recuerda a los tiempos de Fidel, donde en todas partes se veía al dictador disfrazado de Mesías.

Los regímenes totalitarios, odian la crítica, ellos inventan su propia crítica, además: denostan, ofenden, vituperan, injurian, a todo aquel que se les opone o no coincide con su pensamiento o ideología. La guerra en sí es conflicto de ideas, de formas de pensar, el sometimiento de la razón es la principal pugna de los regímenes que buscan controlar todo.

Preocupa lo que acontece en nuestro país, la violencia imperante, es una muestra más de las fallas en la estrategia de seguridad y prevención del delito, es una notoria prueba de la descomposición social, la saña, la violencia desmesurada, la incitación a la perversión bestial, que poco a poco nos acerca a la barbarie. No se pueden volver a permitir hechos como los ocurridos en el estadio de Querétaro.

Culmino, con el final del discurso de García Márquez, “para que la nueva humanidad de entonces sepa por nosotros lo que no han de contarle las cucarachas: que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad. Y que sepa y haga saber para todos los tiempos quiénes fueron los culpables de nuestro desastre, y cuán sordos se hicieron a nuestros clamores de paz para que esta fuera la mejor de las vidas posibles, y con qué inventos tan bárbaros y por qué intereses tan mezquinos la borraron del Universo.”

¡El ser humano no recibió el don de la palabra para ocultar sus pensamientos!

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