Irás y no volverás. Una reflexión sobre los feminicidios.

La fiesta iniciaba a las 8 de la noche, pidió permiso con antelación a su madre, vivía con ella derivado de la separación de sus padres cuando era muy pequeña, acostumbrada a su vida, se volvió una joven independiente. Luisa salió de su trabajo en una tienda local, y con unos amigos partió a la fiesta el día previsto, del cual ya nunca regresó. María, Fernanda, Lucrecia, Sofía, Magdalena, etc. Podría ser cualquiera. Salieron: de fiesta, del trabajo, la escuela, la oficina, de su casa, de compras, etc.  Ya nunca regresaron.

La anterior narración sacada de la más limitada imaginación, pretende describir los acontecimientos diarios que se están viviendo en el país, el terrible “Irás y no volverás”, con el que salen a vivir las mujeres en los tiempos que vivimos. En México las evidencias de la obviedad no dejaran mentir a los que no quieren ver la terrible actualidad de la barbarie, hacia un grupo vulnerable de la población como lo son las mujeres.

Vemos en puebla el caso de una niña de 9 años embarazada, algo incomprensible, quien podría cometer semejante atrocidad con un ser que apenas alcanza a tener luces del mundo que la rodea. Observamos, en televisión, en las redes, en las noticias diarias, incomprensibles desapariciones de jóvenes que salieron, y ya no regresaron. La esperanza de que aparezcan es lo que persiste entre sus seres queridos. El pan diario de cada día es una mujer desaparecida.

Las leyes y protocolos que existen en la actualidad, si bien son una lucha palpable para combatir la violencia hacia la mujer, aun no logran revertir las vejaciones, los feminicidios y desapariciones de mujeres, que aunque se ven reducidas en cifras con las del año pasado, percibimos que aún existen y son un mal que hay que erradicar.

Datos mostrados recientemente por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), notifico al Senado que en 2021 se registraron 277 muertes violentas de niñas y adolescentes, la cifra más baja desde 2017. De estas, 111 fueron clasificadas como feminicidios y 166 como homicidios dolosos. Esto detalla Milenio.  No obstante, son solo las que se saben en fuentes oficiales, ¿y las que no han sido encontradas?, ¿Las que aún están siendo victimadas en el oprobio del olvido por las autoridades?

En lo que va del año 21 feminicidios se han registrado en Veracruz,  según datos oficiales, sin embargo, el feminicidio de Montserrat Bendimes continúa impune; Marlon “N”, el presunto agresor sigue prófugo de la justicia. El feminicidio de Johana en Xalapa, una mujer originaria del municipio de Agua Dulce, al sur de la entidad, que se había mudado a la capital para estudiar y trabajar. Cuyo cuerpo fue encontrado con golpes en varias zonas. Según informes preliminares el feminicida la habría agredido con un martillo y navaja. Feminicidio de la más baja calaña, acaecido a una joven que tenía un futuro prometedor, y fue arrancado de tajo por la mano cruel y asesina de un feminicida. Las autoridades deben asegurar el bienestar, brindar seguridad e integridad, física y jurídica a sus gobernados, para que todas regresen a salvo.

La muerte ronda las calles, los parques, la escuela, la oficina. Hasta el lugar que se considera más seguro; el hogar. La muerte asiste puntual, inevitable, ineludible, se cuela en el día, la tarde, la noche. Deja un vacío inexorable, plegarias no atendidas, suplicas desatendidas. Interrumpe sueños, corta caminos, futuros desiertos. El delito del feminicidio, es algo que lastima a la sociedad, destruye familias, termina ilusiones. Ojala que nunca más exista el miedo en una mujer o que su familia se imagine que ella “irá y no volverá”.

¡Justicia, para que ni una más falte!

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