El presidencialismo mexicano

 El presidencialismo mexicano

La figura presidencial en México tiene sus orígenes en la época prehispánica, recordemos que en la antigua Tenochtitlán se establecía un primer jefe denominado “Tlatoani”, que también hacia las veces de sumo sacerdote, a nivel internacional esta figura casi paternal del presidente, tiene sus antecedentes en Roma, en el surgimiento de las familias o “domus” en las cuales se establecía un “pater familiae” o padre de familia, que también se convertía en sacerdote doméstico. El cual ostentaba el “ius vitae nescisque” o derecho sobre la vida y muerte sobre quienes ejerciera la patria potestad, con posterioridad, Roma conocería las tres formas de gobierno: monarquía, republica e imperio, que se convirtió paulatinamente en un triunvirato, a la postre en dos imperios: el de oriente y occidente. 

Ahora bien, la figura del Presidente ha ido evolucionando en el país paulatinamente, desde el movimiento de independencia, protagonizado por Miguel Hidalgo y Costilla, Morelos, Iturbide, Leona Vicario entre muchos otros. Posteriormente, como Estado independiente, empezaba mal la cosa, porque no sabíamos qué hacer después de la independencia  -cual joven adolescente que se va de la casa-, nos seguimos rigiendo por la constitución de Cádiz, y empezaron los debates por ver qué forma de gobierno se adoptaría, unos conservadores, otros liberales, los primeros querían una monarquía, los segundos una república.

Pues bien, se adopta la monarquía, se pone a Agustín de Iturbide como el primer emperador del México independiente;  posteriormente, en 1824 asume la presidencia Guadalupe Victoria. Para ese entonces ya se había adoptado la República, se hace una traducción de la constitución por parte del controvertido Lorenzo de Zabala y, de ahí nos medio copiamos para elaborar la propia. En 1828 bajo el sistema de elecciones indirectas, en el cual solo votaban las legislaturas de los estados, para la elección de Presidente de la República emitían un voto por un candidato del estado y otro para un candidato externo. 

Consecuentemente, se presenta algo inusual en las elecciones de ese año, en donde contendía el prócer de la patria Vicente Guerrero, pierde la elección, ganando un casi desconocido Manuel Gómez Pedraza, esto originó el levantamiento en armas de nuestro Napoleón tropical, Antonio López de Santa Anna.  Gómez Pedraza dice,  mejor huyo o aquí muero. Se desconoce la elección, se nulifica y asume la presidencia Guerrero. 

Entre subidas y bajadas, que siempre los hay, en un país que apenas estaba formando su idiosincrasia, nuestra Patria avanzaba, entre presidentes que apenas y tomaban el poder y ya no sabían qué hacer con el barco, caso de Santa Anna, odiado por algunos por vender los territorios de la Mesilla y Nuevo México, llegó a ocupar la silla presidencial por once veces, cabe destacar que, en esas once veces, ni siquiera acumuló más de 7 años, siendo el total de 6 años 11 meses si la memoria no nos traiciona, pierde la pierna, se gasta el dinero en grandes ágapes, pone las siete leyes de tinte centralista, que hacen que algunos estados como Yucatán, Zacatecas, Tamaulipas y Nuevo León se opusieran y amenazaran con separarse de la república mexicana. 

Finalmente, llegan Benito Juárez, Porfirio Díaz, entre muchos otros, cabe mencionar que estoy citando solo a los más representativos, o más populares, por así decirlo.  Díaz logró grandes cosas, sin embargo, es vituperado por un sector de la población hasta el día de hoy.  Toca recordar aquel famoso mandatario, que conquistó al pueblo con su “defenderé el peso mexicano como un perro”, frase populista, pero la realidad del país fue otra con López Portillo, la crisis por la caída del precio del petróleo en 1982  que,  derivada de esa terquedad de defender el peso como un “perro”, ante una realidad aplastante que era la devaluación, trajo consigo, una gran pérdida económica en el país. 

Los 70 años de presidencialismo priista,  hasta el “veo un México con hambre y sed de justicia”, lo platicaremos en la segunda parte de este artículo.

“La silla presidencial está embrujada, el que se sienta en esa silla se vuelve loco”.

Jesús Norberto García Salas

Licenciado en Derecho por la Universidad Veracruzana, también, se formó como técnico informático en CECATI 31. Cuenta con cursos sobre la reforma en materia de derechos humanos SCJN, así como en materia electoral impartidos por el Tribunal Electoral del Estado de Veracruz. Fue consejero Electoral Distrital y Municipal en las elecciones de 2016 y 2017. Es docente en diversas instituciones de nivel medio superior y superior. También, ha destacado por impartir diversos cursos en materia laboral y sobre derechos humanos. Titular en el despacho jurídico García Dorantes y asociados.

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